Dos o tres cosas interesantes

El confesionario de un sagutxo solitario

LA CITA CINEMATOGRÁFICA DE LA TEMPORADA


-Sí que me odias, ¿verdad?
-No sabes cuánto.
-El odio es un sentimiento muy intenso. ¿No lo has notado?
Muy intenso... Yo también te odio, Johnny.
Te odio tanto, que creo que voy a morir. Creo que voy a morir de odio.
Cariño...

Gilda. Charles Vidor, 1946.


LA TROMPA DE LA MADRE DE DUMBO

Tras una cada crisis de ansiedad la chica se quedaba como si hubiera recibido una paliza. Le pesaban los brazos y las piernas, la cabeza le dolía poderosamente y el estómago siempre estaba revuelto por las naúseas. Siguió sabios consejos y descansó de una manera determinada hasta que los restos de aquel horrible día desaparecieron casi por completo.

Por la noche, como casi todas las noches, habló con él para explicarle por qué no había sabido nada de ella en todo el día. Rieron y bromearon porque ella estaba mejor y él más tranquilo de que fuera así. La madre de Dumbo solo podía comunicarse con su hijo a través de caricias con la trompa. Ni siquiera podía verle la cara y su pequeño elefantito pasaba horas junto a la jaula donde la habían confinado.

Ella sí podía verle a él; y él a ella. Pero no podían tocarse. Los dos sufrían por ello, por tener una necesidad y no poder satisfacerla inmediatamente. Pero no había otra solución, se repetían con frecuencia. Aquella noche, al verla bostezar repetidamente, él le dijo que se fuera a dormir, que había sido un día duro y que el siguiente también lo sería. Ella se negó, no quería dormir sola, como siempre. Quizá no pudieran tocarse, pero sí mirarse y estar juntos desde la distancia, lo que a ella le proporcionaba una sensación de tranquilidad y protección como nunca había conocido.

Se dio media vuelta en la cama y situó el pequeño ojo de aquella minúscula ventana apuntándola directamente, para que solo su imagen llenara el cuadro que él veía. Él le dio las buenas noches y la besó de la única manera en que podía hacerlo. Al rato ella se quedó profundamente dormida junto a él, en la oscuridad de una inmensa habitación.

Aquella noche se despertó varias veces y comprobó que aun haciendo sus cosas, él seguía con su pequeña ventana abierta, vigilándola, revisando su sueño, cuidando de ella. La chica pensó en regañarle bien entrada la noche por seguir despierto, pero el sueño pudo con ella y también la razón, pues no tenía el derecho a hacerlo ni quería que se fuese. Al despertar a las ocho de la mañana él ya no estaba. Se había ido a descansar tras dejar a la chica en profunda tranquilidad.

No, no podían tocarse, como hacía la madre de Dumbo con su hijo, pero podían pasar la noche juntos y él podía hacer que ella durmiera sin miedo al día siguiente.



Tu sincera opinión: 

NUNCA MIRES ATRÁS SALVO PARA DESPEDIRTE

Está claro que he cambiado. Tanto que hasta a mí me asusta la velocidad a la que lo he hecho. Quizá he madurado sin darme cuenta. Quizá siempre fui así y nunca lo supe o estuvo escondido.

Solo sé que soy otra y que casi cada día me lo repiten, que más de una persona no me ha reconocido en fotos de hace apenas tres años y que mi forma de ver el mundo y la sociedad que me rodea es tan diferente a como lo hacía hace unos meses que me da hasta vértigo. Ya no existe prácticamente mi vida anterior, la semana pasada empecé a deshacerme de lo único que me quedaba y que no servía para nada. Sigo siendo yo, por supuesto, puede que esta sea la única vez en toda mi vida en la que esté siendo yo. Me siento bien.

Valentía en vez de cobardía; comunicación en vez de incomunicación; cariño en vez de sequedad; un beso en vez de un saludo; un leve abrazo repentino en vez de un "hola" sin sentimiento; una rana de peluche sobre mi cama y un bombón en mi mesilla aún sin degustar. A mí nunca me gustó el chocolate.



Tu sincera opinión: 

LA CARPETA

Hacía tiempo que aquella chica guardaba sus mensajes por si los necesitaba o por si él volvía, para que no se encontrara un pasado vacío. Estaban todos y cada uno de ellos, sin faltar ninguno, etiquetados con su nombre y a la carpeta que los envolvía la identificaba un color cálido y fuerte, para que nunca pasara desapercibida.

En aquellos mensajes había palabras de todo tipo: desde las primeras vergüenzas hasta verdaderas confesiones, por una parte más que por la otra. Ella se había negado a abandonar ese nombre que veía una y otra vez en el momento en que miraba a la pantalla. Y aquel color cálido con el que estaban marcados sus mensajes. Intentó numerosas veces deshacerse de ellos, pero era incapaz porque significaba poner fin a algo y poner fin a las cosas no se le daba bien; ni a ella ni a nadie. Quizá a ella, en este caso, le costaba más.

Llegó un día en el que se acumularon mensajes de todo tipo en carpetas y fuera de ellas. La chica,  maniática y ordenada, había vivido un desorden completo en los últimos meses y todo su alrededor se encontraba descuidado; menos aquella carpeta porque contenía los restos de cuando aún era diferente. Hacía meses que no entraba, que no leía lo que contenía. Hacía meses que no pensaba seriamente en el remitente de aquellos mensajes. Era inútil y realmente no lo necesitaba. La tarde de aquel día decidió ordenar no solo los mensajes que estaban desperdigados y sin etiquetar, sino su vida. Leyó parte de algunos mensajes ocultos bajo el color chillón y sonrió. Lo hizo con un pequeño gesto de ironía y sarcasmo, con la sensación de que aquello no valía nada, de que guardarlo no había servido en absoluto y de que toda aquella energía malgastada quizá no había servido para nada. Bueno, quizá para aprender.

Sin embargo, no borró los mensajes. Los archivó y ocultó la carpeta para no verla más. No quería volver a ver ese nombre en su pantalla. Nunca. Tenía uno mejor. Reunió otro montón de mensajes, los etiquetó y los juntó todos en una misma carpeta, a la que dio un toque azul oscuro, no podía ser otro color. Entonces leyó los mensajes que habia reunido y sonrió de nuevo, pero sin sarcasmo ni ironía, con felicidad, con la sensación de no leer mentiras y más mentiras, palabras vacías que no significaban nada. Sintió que aquellos mensajes estaban escritos realmente para ella por una persona con cabeza y corazón que pensaba y amaba e intentaba demostrarlo. Eran completamente opuestos, por eso debía guardar las dos carpetas, para aprender lo que es "sí" y lo que es "no".

Miró aquella carpeta una y otra vez, orgullosa de haberla creado y del apodo que le había puesto, ese nombre en clave que solo ella entendía plenamente y que tanto significaba. Entonces, solo entonces, se dio verdadera cuenta: llevaba cinco años mirando al nombre equivocado.



Tu sincera opinión: 

PIROPOS

Nunca he sido de echar piropos ni de entenderlos. Diferencio bien entre piropos y cumplidos -los segundos siempre son mentira, si no no se llamarían "cumplidos"- pero no estoy familiarizada con ellos. De hecho, suelo huir de ellos porque me violentan mucho y, por supuesto, yo ni hago cumplidos ni echo piropos. A veces.

Los hay ordinarios, los hay pastelosos, los hay clásicos, los hay que cambian radicalmente según quién los dice, los hay... de mil tipos. Luego está el piropo freak de quien se pasa horas delante del ordenador.

Me encantas hasta pixelada.

Toma ya. Ni si tu padre era pastelero ni nada de esas cosas. ¡Pixelada! A ver quién lo supera.

Sí, lo sé, tengo que mirarme esto de los cambios de humor. Ya me lo dicen.



Tu sincera opinión: 

NO QUIERO HABLAR CON NADIE

Hoy no quiero hablar con nadie. Por lo menos directamente. Tengo ganas de vomitar palabras, sentimientos, gritar que me siento fatal, que no dejo de tener ganas de llorar pero que las contengo porque me metería en un bucle del que siempre me resulta difícil salir.

No quiero hablar, ayer ya hablé y pensé -que en mi caso suelen ser casi sinónimos, soy propensa a los soliloquios- suficiente, antes y después. Y lloré, por dentro y por fuera. Por una gilipollez, podría decirse. Para la mayoría de la gente lo sería, a mí me ha hecho replantearme todo, hasta si de verdad estoy haciendo bien o haciéndome daño.

Y todo por culpa de la ilusión; ese maldito sentimiento que tantas malas pasadas nos juega. El bolero dice que dicen que la distancia es el olvido, pero como en el bolero, yo no lo concibo. Para mí la distancia engrandece sentimientos, los hace más fuertes, acerca en vez de alejar por el mero hecho de querer estar en un lugar en vez de en otro. Ayer estuve muy cerca, a 800 kilómetros pero tan cerca que mi cabeza no pensaba en otra cosa: en cuándo llegaría la noche, en su recibimiento, en mi casa, en convivencia, incluso en hijos... ¡yo! Todo por la maldita distancia y la ilusión de cosas prometidas veladamente que luego no se cumplen porque no todos somos iguales y porque no nos comportamos igual en las mismas situaciones, aunque pensemos parecido.

Pero la ilusión se desvaneció... como el vapor, fue perdiendo fuerza y cuando por fin él vino a buscarla ya no estaba, solo había decepción y tristeza; por llegar tarde, por no entender cómo funciona el mundo del amor, por no atender a los convencionalismos sociales, no sé por qué. Por pasar demasiado tiempo de una vida pensando en uno mismo, creo, y no darse cuenta de que una vez que se quiere a alguien, esa persona es una parte de ti y hay que cuidarla como tal, que no vale con decir los sentimientos cuando se le ven las orejas al lobo, que hay que demostrarlos. El problema es cuando no se saben demostrar y la ilusión, la espera de la otra persona, muere entre lágrimas y desazón; vacío. Por no sentir aquello que antes lo llenaba todo.

No, hoy no quiero hablar con nadie, estoy demasiado triste por lo que pensé, por lo que pasó, por lo que llegué a pensar y por lo que pasará. Y, sinceramente, son emociones que me pueden.



Tu sincera opinión: 

HASTA LUEGO

Hubo una vez un chico y una chica que entraron a un bar a llorar. No era su intención, sólo querían hablar, pero acabaron con los dedos entrelazados, sentados en una mesa tan estrecha que sus rodillas chocaban unas con otras y mirándose a los ojos como no habían hecho antes.

Él repetía lo mismo:

-¿Cómo me voy a sentir bien viéndote llorar así?- Lo decía mientras pequeñas lágrimas convertían sus pupilas en esferas vidriosas.
-¿Cómo no voy a llorar si me dices que lo imposible pesa más que lo posible?- Él apartaba la mirada y disimulaba sus lágrimas.

Estuvieron así mucho tiempo, quizá cerca de dos horas, volviendo a las mismas frases que no eran más que un bucle de pensamientos mientras se acariciaban las manos.

-No puede ser;- dijo ella tajantemente después de dejar su mirada perdida durante minutos para pensar- esto tiene que funcionar, no puede ser de otra manera; sabes lo que hay que hacer para que funcione porque los dos queremos.

Él asintió y pareció serenarse. Sus manos se relajaron y acariciaron las de la chica mientras sonreía. Sí; los bucles siempre son peligrosos y hay que saber salir de ellos, aprender a pensar en que hay más opciones de las que en un principio se plantean.

-Vámonos.- ella quería salir cuanto antes de allí y él también. Habían llorado, se habían sincerado y habían recuperado algo que creían perdido.

Al salir de aquel bar atestado de gente en el que ellos sintieron que estaban solos, ella habló:

-Eres idiota.- agarró su mano y apoyó la cabeza en su hombro. Él respondió al gesto con una caricia en la mano de ella.
-Ya lo sé.- contestó él entre risas casi imperceptibles. El mundo parecía de otro color.

No volvieron a hablar de aquel tema.


El mar rugía y las gaviotas sobrevolaban sus cabezas. Allí, sentados los dos en un banco frente al mar, observaron su alrededor: había un fotógrafo profesional componiendo paisajes de una cuidad nublada y lluviosa. En otra parte se hallaba una mujer, si bien loca, si bien borracha, que hablaba con gatos y llevaba comida en una bolsa de supermercado.

-Me gustaría besarte.- Admitió él al ver cómo la brisa marina revolvía el pelo de ella y la miraba de perfil.
- Hazlo.- Contestó ella, que llevaba esperándolo tiempo.

Aquel beso y los que siguieron fueron diferentes a todos los anteriores porque los dos habían llorado, habían purgado todas las ideas que los molestaban, habían madurado en una sola mañana. Allí, a un grado de temperatura, parecía que fuera verano, con respiraciones calientes y labios suaves y ardientes. Con una unión que nunca habían sentido antes con nadie.

El fotógrafo desapareció, pero ninguno de los dos se dio cuenta. Al andar el camino de vuelta vieron de nuevo a aquella mujer amante de los felinos, dándoles de comer. Rieron por la combinación tan extraña que es este mundo y siguieron andando con las manos entrelazadas.


El reloj de la iglesia tocó las ocho de la tarde. Tenían que separarse.

-No quiero decirte adiós.- Espetó ella con contundencia. -No quisiste que te fuera a recibir, no iré a despedirte. Nos despediremos como si nos fuéramos a ver mañana.

Él sólo acertó a asentir, sin saber muy bien si era lo correcto o si era lo que quería. Pero lo aceptó. Al fin y al cabo, era una decisión lógica.

En una calle estrecha en la que no había gente, aún alejada del barullo que esperaba más adelante, ella le abrazó. Le besó dos veces y se despidió de él con la naturalidad con la que lo hacen dos novios. Él respondió a sus besos y sólo acertó a decir una frase:

-Qué duro es esto. -Ella sonrió y le besó de nuevo, esperando volver a encontrarse con sus labios en poco tiempo.

Caminaron juntos hasta la esquina de la calle más concurrida de la ciudad. Ella soltó ligeramente su mano al llegar allí y le miró a los ojos.

-Hasta luego, nos vemos.- Le dijo con más ternura de la que podría imaginar tener dentro del alma.
-Hasta luego.- Contestó él.

Sus cuerpos se alejaron progresivamente mientras se mezclaban entre la gente que abarrotaba la calle y al fin las yemas de sus dedos se separaron. Cada uno siguió su camino sin volver la vista atrás.

No había sido un adiós, había sido un hasta luego. Eso esperaban ambos.



Tu sincera opinión: 

BALANCE DE AÑO

Sí, hace como meses que no escribo. Demasiadas emociones. Este 2010 ha sido duro en todos los sentidos. Deseé una vez encontrarme a mí misma para que mis sueños se hicieran realidad y muchos lo han hecho, pero también he perdido bagaje por el camino. Hoy solo puedo agradecer. No quiero felicitar el año ni desear que el siguiente sea mejor, solo quiero echar la vista atrás a 2010 y agradecer a todos los que han estado ahí en la época más difícil de toda mi vida. Ni siquiera voy a ser políticamente correcta al omitir a algunas personas; no tienen obligación de estar con los demás, pero sí hay otras que no me han dejado ni a sol ni a sombra.

A mi amona, a la que echaré de menos el resto de mi vida. Por su comprensión desde que era niña, por entender este último año lo que tenía en casa y de lo que no se había dado cuenta. Por no reñirme en toda su vida ni enfadarse conmigo por muy insoportable que fuera. Por el cuadro de margaritas que pintó y me regaló poco antes de irse para siempre. Aún siento que está conmigo y lo estará siempre porque ella y yo éramos inseparables.

A mi familia cercana, por entender perfectamente lo que me pasaba y que nuestra vida no iba a ser la misma de siempre. Por aguantarme más que de costumbre y encajar que un trastorno psicológico y psiquiátrico puede, en última instancia, sacar lo mejor de una persona. Por estar siempre ahí y asegurarme que la importante soy yo y no el mundo que me rodea, que yo soy la que tengo que ser feliz.

A Kupe por levantarnos las dos a la vez de la mierda y empezar de nuevo, no solo la vida, sino nuestra relación. Por volver a contarnos cosas y saber la una de la otra. Por pensar en mí muchas veces aunque no me lo diga porque sabe que no me gusta y por seguir ahí, desde hace 15 años, riéndose de las miserias de ambas y sacándome una sonrisa.

A Olga por no dejar que el contacto se pierda. Aunque hayamos estado las dos un poco perdidas, por no abandonarme cuando le escribía emails bíblicos a los que contestaba cuatro líneas porque estaba hasta arriba de trabajo. Por preguntar qué tal todo. Por acordarse de fechas significativas de viajes a Castilla cuando tiene los cumpleaños en el móvil de lo desastre que es. Por ayudarme a ver muchas de las cosas como son y no como yo las veo.

A Yolanda por acogerme como una más, aunque no cumpliera el perfil. Quizá algún día llegue a entender por qué lo hizo. Por tratarme como una persona que necesita ayuda y no por alguien que paga y se va a su casa. Por llamarme cuando sabe que estoy mal. Por seguir intentando besarme cuando nos vemos. Por escucharme como una amiga. Por levantarme el ánimo cada vez que estoy con ella y por hacerme reír siempre, aunque la reciba llorando.

A Juana Mari por vernos cuando las dos lo necesitábamos. Por esos cinco días divertidos y que hicieron que las dos nos escapáramos un poco de nuestro angustioso mundo. Por las pelis nocturnas y las bromas diurnas.

A Ana M. por estar siempre ocupada pero siempre disponible para lo que sea. Conseguiremos sacar a pasear a Leisen un día y verdos para hablar como debe ser. Por seguir ahí a pesar de que el mundo laboral ya no nos una y por preocuparse por cómo va mi vida aún en sus condiciones de toneladas de trabajo.

A Marta por verme cada mañana en la cara el estado de ánimo e intentar cambiarlo. Por hacer esfuerzos para entenderme. Por preguntarme constantemente si soy feliz y cómo ayudarme. Por leer libros para saber cómo tratarme y que no me sienta tan mal.

A Bego por sus emails de ciento en viento que me alegran el día. Porque siempre es todo simpatía y porque sé que en todo este año he estado presente en su cabeza. Aunque nos veamos poco, porque sé que se preocupa mucho de lo que me pasa y yo no tengo manera de pagárselo. Por intentar (con mucho éxito) ponerse a mi nivel y hablar conmigo tanto como necesitara.

A Yoli, Ekaitz, Eider y Ana por preguntar siempre, incluso desde el silencio. Por preocuparse y pensar en cómo estaré y si volveré algún día a sus vidas.

Al Prozac por cambiarme la vida.

A Marc y Noemí por la cosa tan bonita y altruista que hicieron. Por acogerme de aquella manera tan hospitalaria y preocuparse por mí constantemente. Por las "gildas", por los Everly Brothers, por la Tapilla y por Joplin. Fue maravilloso.

A Rosa por estar siempre alerta de cuándo me paso por su ciudad para poder vernos. Por no tener reparo en estar conmigo a pesar de que nos conocíamos poco y ni siquiera sabía cómo era yo. Por seguir al pie del cañón preguntando cuándo voy a volver y por su incansable buen humor.

A Jacobo por tener los huevos de salir de mi vida de una vez y por dejarme descansar.

A César por ser el culpable de que lleve dos meses con la sonrisa plantada en la cara. Por llevar un mes sin poder concentrarme y por todo lo que hizo que creyó que estaba mal y fue muchísimo mejor de lo que esperaba. Por llevarse buena parte de soledad, por estar siempre ahí, por su comprensión, por su ansiedad que tanto juego da, por las charlas eternas en las que ninguno quiere despedirse, por estar dispuesto a cambiar porque algo salga bien. Por tantas cosas de las que aún no nos hemos dado ni cuenta... A él porque no es consciente de lo que ha hecho y hará.

Os quiero tanto a casi todos (-1)..., pero no tengo otra manera de demostrarlo.



Tu sincera opinión: 

SI LO DIJERA UN BLANCO...

El otro día me encontré por la calle con una situación de lo más paradógica. Al lado de la peluquería a donde llevo al perro a que me lo adecenten hay una peluquería para negros, donde les hacen las trencitas del pelo y les ponen las bolitas e hilos que tanto me gustan.

Fuera de la tienda tenían una mesita para tomar algo y estaba una chica negra hablando con un blanco de aquí. Al oír el acento de la chica pude ver que era cubana. Le dijo:

Dehde luego, mi amol, ehte paí é una merienda de negroh.

Yo seguí andando mientras me reía hasta llegar a la peluquería de perros.



Tu sincera opinión: 

SÍNDROME DE ASPERGER: HISTORIA Y DEFINICIÓN

Al saber la inquietud que mucha gente cercana a mí mostraba acerca de mi reciente diagnóstico, acompañada de la curiosodad por "saber más"(1) e intentar entender, me he propuesto crear una serie de entradas que expliquen de manera que se entienda qué es el SA, qué manifestaciones tiene, sus características, cómo somos los Aspies, cómo tratarnos, etc. Empezaremos, cómo no, con una definición algo extensa.

¿Qué es el Síndrome de Asperger?

Tony Attwood, en su gran obra Guía del Síndrome de Asperger, necesita de varias líneas para poder definir de manera precisa qué es. Un buen resumen sería:

Una escena típica de un encuentro con un niño con síndrome de Asperger marcaría la ausencia de comprensión social, la limitada capacidad para mantener una conversación y el intenso interés en un tema concreto. Quizás el modo más simple de entenderlo es considerar que describe a alguien que percibe el mundo y  piensa en él de manera diferente a como lo hace el resto de la gente.

Continúa, más adelante, con una explicación más completa basada en lo que Hans Asperger vio para descubrir el Síndrome:
Hasta finales del siglo XX, el problema de esas personas no tenía nombre. En la actualidad usamos el término diagnóstico de Síndrome de Asperger, basado en las descripciones notablemente intuitivas del doctor Hans Asperger, pediatra vienés que en 1944 observó que algunos niños remitidos a su clínica tenían rasgos de personalidad y comportamiento muy similares. [...] Pero Asperger no pudo hallar una descripción y una explicación para ese reducido grupo de niños similares entre ellos y poco comunes, que consideraba fascinantes. En la terminología inglesa actual traducida del alemán, el Síndrome sugiere un trastorno de la personalidad, es decir, la descripción de la personalidad del individuo más que una enfermedad mental, como la esquizofrenia.

Está claro que Asperger estaba fascinado por los niños con un trastorno autista de la personalidad y efectuó una descripción muy clarividente de las dificultades y las aptitudes de esos niños. Observó que la madurez social y el razonamiento social de esos niños sufría un retraso y algunos aspectos de sus aptitudes sociales eran poco comunes para cualquier estado de desarrollo. Los niños tenían dificultades para hacer amigos y Asperger observó, que, con frecuencia, eran objeto de burlas por parte de otros niños. También describió alteraciones de la comunicación verbal y no verbal, en especial en  los aspectos coloquiales del lenguaje. Aquellos niños tenían un lenguaje pedante y algunos mostraban una prosodia poco frecuente que afectaba al tono, al timbre y al ritmo del habla. La gramática y el vocabulario podían ser razonados, pero al final de la conversación, se tenía la impresión de que había algo raro en su capacidad para mantener la conversación que se habría esperado en niños de su edad. Asperger también observó deterioros claros de la comunicación y del control de las emociones y una tendencia a intelectualizar los sentimientos. La empatía no era tan madura como cabría esperar, teniendo en cuenta las capacidades intelectuales del niño. Los niños también mostraban una capacidad egocéntrica por un tema o interés concreto que dominaba sus sentimientos y su tiempo. Algunos de aquellos niños tenían dificultades para mantener la atención en clase y problemas específicos de aprendizaje. Así mismo vio que, con frecuencia, necesitaban más ayuda de sus madres en las tareas organizativas y de autosuficiencia de lo que cabría esperar para su edad. Describió cierto grado de torpeza evidente relacionada con la coordinación motora. También observó que algunos niños eran muy sensibles a ciertos ruidos, olores y texturas.

Asperger consideraba que podían identificarse estas características en algunos niños de dos a tres años de edad, mientras que para otros sólo se hacían evidentes años más tarde. También describió que algunos progenitores, en particular los padres, parecían compartir algunas de las características de la personalidad de su hijo. Destacó que, probablemente, el proceso se debía a factores genéticos o neurológicos, más que psicológicos o ambientales.

Hans Asperger describió a un grupo de niños autistas con elevados coeficientes intelectuales:
  • No había retraso en la adquisición del habilidades lingüísticas.
  • Estilo de discurso pedante.
  • Desarrollo precoz del vocabulario.
  • Intereses obsesivos (por ejemplo, buscar todas las banderas del mundo, mapas meteorológicos, historia del ferrocarril, etc.).
  • Preferencia por la compañía de adultos, mala relación con niños de la misma edad.
  • Mandones y controladores.
  • Anomalías en el comportamiento social que pueden ir desde el aislamiento social hasta una forma invasiva de relacionarse con los demás.
  • Deseo de hacer las mismas cosas de forma idéntica una y otra vez.
  • Gran capacidad de atención y excelente memoria, sobre todo para los detalles.
  • Coeficiente intelectual en la media o por encima.


Con esta extensa explicación se puede crear un patrón sobre la forma de ser de una persona con Síndrome de Asperger... mientras se le conozca en la infancia. Pero, ¿cómo son de adultos? Pilar Martín Borreguero, en su libro El Síndrome de Asperger: ¿Excentricidad o discapacidad social? hace un resumen de un Aspie adulto:
El adulto presenta un comportamiento social cualitativamente diferente al de otras personas y sus interacciones sociales cotidianas continúan caracterizadas por algunas deficiencias ya observadas en los periodos de la infancia y adolescencia. Así pues, el adulto va a exhibir un cuadro sintomático en el que se destacan de forma especial alteraciones nucleares como el déficit de la interacioón social, la ausencia de reciprocidad emocional, la deficiente comprensión social, las dificultades con la comunicación social, los intereses obsesivos y los patrones de comportamiento restringido. Al igual que en el niño, todos los síntomas del adulto se expresan con un grado de variabilidad.


Simon Baron-Cohen explica que hay un punto muy importante que determina si una persona padece un autismo común o un Síndrome de Asperger, que es un tipo de autismo o un trastorno del espectro autista. Simon Baron-Cohen en su libro Autismo y Síndrome de Asperger muestra una tabla breve pero muy indicativa:
El autismo clásico y el Síndrome de Aperger comparten dos rasgos clave:
  • Dificultades en los procesos de comunicación social.
  • Intereses obsesivos y acciones repetitivas


Pero también les diferencian dos rasgos clave:
  • El coeficiente intelectual de quienes padecen Asperger está, como mínimo, en la media y no hay ningún tipo de retraso en la adquisición de habilidades lingüísticas.
  • El paciente que padece autismo clásico puede tener cualquier coeficiente intelectual y muestra cierto retraso en la adquisición de habilidades lingüísticas.


Así mismo, Yolanda Benito, en su libro Superdotación y Asperger, menciona cuatro categorías generales en las que la Asociación de Psicología Americana divide el Síndrome de Asperger:
  • El deterioro en el funcionamiento social, que incluye una incapacidad para hacer amigos, demostrar empatía, leer señales sociales o utilizar la comunicación no-verbal (el contacto visual, el lenguaje corporal y los gestos.
  • Intereses y comportamientos restringidos o estereotipados, incluyendo un único campo de interés intenso, movimientos repetitivos de la mano, sensibilidad sensorial, repeticiones compulsivas.
  • Desarrollo del lenguaje normal o superior a la media, el vocabulario y el uso son normales, aunque se pueden presentar casos de hiperlexia (básicamente, uso de palabras sofisticadas sin comprender su significado), especialmente en un área de interés intenso.
  • Desarrollo cognitivo normal o por encima de la media. Cociente de inteligencia que abarca desde la media hasta muy superdotado en los tests de inteligencia estandarizados.


Para terminar, Simon Baron-Cohen recoge en la misma obra citada anteriormente una serie de síntomas que se repiten en las personas con Síndrome de Asperger y que también se dan en autistas comunes. Yo os listaré las pertenecientes al Síndrome de Asperger, según se indica:
  • Total ausencia de interés por los demás.
  • Contacto visual atípico: o apenas lo establecen o miran a los demás durante demasiado tiempo, invadiendo su espacio personal.
  • Falta de reciprocidad: no saben esperar su turno para hablar, no entran en el diálogo, solo articulan monólogos.
  • Prefieren estar solos.
  • Dificultades para anticipar cómo se sentirá alguien o lo que podría pensar.
  • Dificultades para saber cómo reaccionar ante la actitud de los demás.
  • Dificultades para interpretar las expresiones emocionales del rostro, voz o postura de los demás.
  • Dificultades para aceptar que no hay una única perspectiva correcta, sino muchas.
  • Habla repetitiva: repiten frases.
  • Neologismos: utilizan palabras ideosincráticas en vez de los términos convencionales.
  • Entienden lo que se les dice literalmente. No entienden los dobles sentidos o las ironías.
  • Utilizan el lenguaje de forma inapropiada en contextos sociales.
  • Intereses obsesivos: tocarlo todo, coleccionar piedras o mariquitas, reunir información sobre determinado tema, etc.
  • Alinear las cosas.
  • Hacer girar las ruedas de un coche de juguete; les hipnotizan los objetos que giran, como la lavadora, las aspas de un ventilador, un molino.
  • Conducta muy repetitiva.
  • Rabietas ante los cambios.
  • Habilidades aisladas o isletas de inteligencia.
  • Una memoria fuera de lo habitual.
  • Necesidad de que las cosas se repitan de forma idéntica.
  • Hipersensibilidad a los sonidos, texturas, sabores, olores y temperatura.

Así soy yo, amigos. Ya lo sabía todo, lo que no sabía era el nombre.


Bibliografía:
  • Guía del Síndrome de Asperger, Tony Attwood. Ed. Paidós. ISBN: 9788449322914 
  • Autismo y Síndrome de Asperger, Simon Baron-Cohen. Alianza Editorial. ISBN: 9788420669410
  • El Síndrome de Asperger: ¿Excentricidad o discapacidad social?, Pilar Martín Borreguero. Alianza Editorial. ISBN: 9788420641799
  • Superdotación y Asperger, Yolanda Benito.Ed. EOS. ISBN: 9788497273497 

(1) Por supuesto, se pueden plantear dudas, temas que alguien esté interesado en que sean tratados, preguntas que no están directamente respondidas en los textos... muchas veces se definen o explican cosas y surgen otras inquietudes que el lector desea resolver porque son más concretas que lo que el texto dice; por ejemplo: "¿Qué pasa cuando...?", "¿Cómo sois en situaciones...?", "¿Por qué no te veo reflejada en esos síntomas?", etc.



Tu sincera opinión: 

ABRIENDO CLAROS

Real Turner
Real Turner


Siempre pienso que Turner no podía creer en el refrán ese que dice que "tras la tempestad siempre llega la calma". Como buen romántico (del Romanticismo, digo), su vida era gris, oscura, tenebrosa y llena de pena y desesperanza.

¿Se abrirá algún claro un día? Como es una foto y no un cuadro de Turner; como la saqué yo y no él, confío en que se abra alguno dentro de poco.



Tu sincera opinión: 

CUIDADO CON EL FRÍO DE AGOSTO

El día 17 me iba -y de hecho, me fui- de vacaciones a Galicia. Como las conexiones de transporte por la cornisa Cantábrica son penosas, hay tres (bueno, cuatro) opciones:

  • Avión: tarda una hora desde Bilbao hasta Santiago, pero cuesta la friolera de 400 euros.
  • Autobús: que creo que anda por las 13 horas.
  • Tren: 11 horas, pero se coge directamente en San Sebastián (que no el avión).
  • Avión eterno: Bilbao - Santiago con escala en Sevilla. Sin comentarios. 

Bien, yo elegí el tren porque me encanta viajar en tren y no me aburro porque siempre tengo algo en lo que pensar, algo para leer o necesidad de meterme en mí misma. Elegí clase preferente porque había 10 euros de diferencia con turista en un trayecto que costaba 75 euros cada viaje (ida + vuelta) y además había visto ya lo que era la clase preferente en en Alvia (desayuno para elegir, zumo, galletas, prensa...) en un viaje de cuatro horas.

Bueno, pues ahí que me meto yo en el tren rumbo a Galicia, que diré que es el ARCO de Renfe (para que salga en Google, que este blog está bien posicionado) y aquello parecía un vagón de ganado: oxidado, viejo, sucio... eso en preferente. Pensé que los de turista debían de ir sentados en el suelo, porque a nosotros, después de 11 horas, ni nos ofrecieron bebida. Pude ver la clase turista cuando pasé hacia el vagón cafetería (tenía que comer) y la verdad es que iban como nosotros pero un poco más apretados.

De todas maneras, eso no fue lo peor, lo peor fue el frío. Y os habla una de las personas más calurosas que podáis imaginar. Fui 11 horas helada de frío, cambiándome de sitio porque salía aire  por todos los sitios: del techo, del costado, de los pies... hubo un momento en que tuve las uñas moradas. Como yo ya sabía que en Renfe ponen el aire bastante alto fui con manga francesa (la que llega hasta la mitad del antebrazo) y pensé que iba preparada. Me equivoqué.

En cuanto bajé del tren comprobé cómo estaba de destemplada y en dos días estaba enferma. Nunca pensé que me enfriaría, no lo he hecho nunca, yo nunca paso frío. A los dos días de llegar a Galicia tuve que ir al ambulatorio porque no podía respirar (soy asmática) y me había pasado toda la noche con 39º de fiebre. El médico me dijo que tenía una infección pulmonar que había que tratar de inmediato para que no pasara a neumonía. Yo ya me había notado el día antes que "pitaba" cuando respiraba, pero no le di importancia. A la fiebre sí que se la di; me asusté bastante.

Total, que ahora estoy con cortocoide en pastilla, corticoide y broncodilatador en spray mañana y noche, expectorante, paracetamol y antibiótico, porque el médico me dijo (y de paso mi madre, que es mi médico en San Sebastián) que nos arriesgábamos mucho si no lo atajábamos ya.

Mi señora progenitora también debió asustarse, porque anuló el billete de vuelta de tren y me compró la vuelta en avión.

Ahora ya estoy mejor y no tengo fiebre y demás -hoy he estado de nuevo en elmédico y me ha dicho que voy muy bien-, pero estoy dopada perdida. Y antes de ayer bebí queimada. Yo, que soy abstemia.



Tu sincera opinión: 

POSIBLE ABANDONO

No me ando con medias tintas. Me cuesta hablar -no pensar-. No tengo ese don que considero una ventaja, ese que tienen algunas personas de tener el valor de decirle a la gente lo que piensa a la cara. Pero sí es cierto que cuando me caliento, me caliento.

El caso es que este blog tiene ya más de cuatro años y sé que ha cambiado. No sé, veo que hay gente suscrita, que hay seguidores, pero nadie o casi nadie comenta. Me siento sola al escribir. Sé que estos meses he escrito mucho menos, pero en parte ha sido la pescadilla que se muerde la cola. Si nadie comenta, ¿para qué escribir? ¿Sobre qué escribir si nadie comenta? "Si no escribe, no se puede comentar."

No sé, no tengo forma de medir la repercusión de lo que escribo ni de quién me lee. Sí veo que la mayoría de visitas provienen de Google y muy pocas de lectores, por lo que supongo que realmente ya nadie lee lo que yo escribo por aquí. Y yo soy de esas que por mi imposibilidad de llevar a cabo un lenguaje verbal directo y en persona elegí una pantalla y un teclado porque me expreso mejor escribiendo.

Pero no, no hay feedback, que era lo que yo buscaba. Y ahora me planteo si abandonar este blog porque ya no sirve para lo que lo creé: enseñar, compartir, debatir, recibir apoyos y comentarios. Desde luego, si me leéis, lo disimuláis muy bien.

Ignoro si mi decisión de abandonar este proyecto dependa de las respuestas a esta entrada; lo que sí está claro es que tendrá que ver. Porque es ver las entradas anteriores y, de verdad, no sé para qué me molesto en escribirlas. Digo, porque todo eso yo ya me lo sé.

Dejo los comentarios anónimos abiertos, no vaya a ser que haya un aluvión. Qué sarcasmo.



Tu sincera opinión: 

Aa

Hace ya algún tiempo corrió el rumor, incluso fundamentado por el Ministerio de Interior, de que los servicios de auxilio (Cruz Roja, DYA, policías) pedían a la población que en su teléfono móvil introdujeran el "Aa" antes del nombre de la persona a quien querían que llamaran en caso de emergencia. No conozco a nadie que trabaje en ambulancias ni en urgencias de hospitales actualmente y la verdad es que no sé si se llama a tal persona en el caso de que aparezca como "Aa" en el teléfono móvil. "Aa" es, como sabréis, "Avisar a" y sería el primer número que aparecería en la lista de teléfonos. Imaginad que tenéis una madre octogenaria con problemas de corazón y le avisan que habéis muerto en un accidente. Pues como que lo más lógico para todo el mundo sería buscar un contacto que fuera "casa" o "mamá". Se puede armar la gorda.

Como bien digo, esta iniciativa me pareció interesante en su momento, pero como nadie más le dio bombo yo no la incluí en mi móvil. Esta mañana he descubierto que mi hermana me tiene a mí como "Aa". No me había fijado nunca, pero cuando me manda los emails desde el móvil pone el remitente y como destinatario "Aaminombre"; el móvil, claro está, coge el nombre del contacto de la SIM.

Qué cosa más rara. Digo, porque mi hermana es la que lleva cuidando de mí toda la vida. Me intenta levantar el ánimo, me saca de casa cuando no quiero salir, pide por mí en los sitios porque no soy capaz, me busca amistades o actividades. No es que sea mi niñera, sé cuidarme solita,  pero es como si viera que en ciertas cosas (y razón no le falta) no puedo desenvolverme sola por mis condiciones psicológicas. Pero mira tú por dónde, cree que si a ella le pasara algo, tendrían que avisarme a mí. Igual es por aquello de aquella vez...

Me da vergüenza preguntárselo, para ser sincera.



Tu sincera opinión: 

IMPORTANTE Y MUY REVELADORA ENTRADA

Supongo que ha llegado el momento de escribir esta entrada. Será dura para quien la escribe y para quien la lee (por lo menos para algunos), pero prometí que algún día explicaría el por qué de muchas cosas y creo que ha llegado el momento. Supongo también que será larga; no lo sé. Son las dos de la madrugada, tengo insomnio y no dejan de repetirse en mi cabeza párrafos que escribiría para describir cómo es mi vida ahora.

Ni siquiera sé por dónde empezar. No es problema de vergüenzas, nunca las he tenido con ciertos temas. Ni me importa que lo que vaya a contar por aquí lo lea todo internet porque sé que puede ayudar a mucha gente. Lo que no sé es en qué punto comenzar mi historia: si hacerlo de manera cronológica vital, cronológica de sucedidos, psicológicamente hablando... Digo yo que la mejor manera será que vaya fluyendo todo lo que pasa por mi mente y que el lector sepa perdonar algunas incoherencias o lapsus en el transcurso del relato.

Como bien sabéis quienes seguís este blog a la luz o en la sombra, llevo de baja desde el 11 de noviembre de 2009. En un principio mi psiquiatra me diagnosticó un estado depresivo con angustia y ansiedad, por lo que me recetó Prozac y ansiolíticos. Me recomendó la baja laboral y al día siguiente ya no fui a trabajar. En efecto, estaba hecha un trapo: no dormía, lloraba todo el día, tenía pesadillas y pensamientos extraños, llevaba todo 2009 somatizando (gastritis, gastroenteritis, anginas, gripe, lumbalgia, reflujo gástrico, vértigo...) tenía mucha ansiedad y al final hice crack.

Paralelamente a este sucedido, mi hermana mayor me invitó a los pocos días de cogerme la baja a un paseo las dos solas. En un momento dado, cuando yo ya estaba relajada después de unas cuantas lloreras me dijo que había estado hablando de mí con diferentes psicólogos del colegio en el que ella trabaja. Les había contado mi comportamiento, mis problemas relacionales y de conducta y mis características de niñez. Esas características las estaban viendo en varios niños del colegio que estaban recibiendo una educación especial porque eran diferentes: eran niños superdotados. Mi hermana se interesó y preguntó por las repercusiones de una falta de diagnóstico en la niñez y le salió mi radiografía: ansiedad, trastornos de comportamiento, depresión, angustia, tendencias autodestructivas, etc. Fue entonces cuando me dijo que ella pensaba que mi problema principal era que yo era una persona superdotada a la que nunca habían diagnosticado y que mi problema venía de que en el colegio me etiquetaron de vaga y tonta porque ni aprobaba ni atendía. Aquello me dejó en estado de shock porque yo tengo la autoestima muy baja (como casi todos los superdotados que no reciben la atención adecuada), entre otras cosas porque enterarse con casi 30 años de que llevas toda una vida intentando ser lo que no eres -normal- e intentando insertarte en una sociedad que no te entiende es muy duro. Me dijo una serie de síntomas y pensamientos recurrentes de los superdotados y parecía que me estaba leyendo la mente. Poco a poco lo fui asumiendo, mientras ella me ponía ejemplos y me hacía ver que muchas cosas de las que yo era capaz de hacer la mayoría de la gente no puede ni soñar hacerlas (aprobar una carrera con notable sin estudiar, por ejemplo;aprenderme diálogos enteros de películas con verlas dos veces; saberme películas enteras de memoria; utilizar palabras extrañas; mostrar un interés desmedido por el aprendizaje.). Dentro de este grupo estaban también otras habilidades como la inteligencia emocional, la expresión verbal y oral, el poder de observación, la memoria fotográfica, la memoria en general (recuerdo hecho de cuando tenía dos años), la ironía, el sarcasmo y el humor inteligente.

Una vez que asumí esto se lo conté a la psiquiatra y estuvo de acuerdo con que cumplía el perfil de una persona con una inteligencia superior a la media. He de decir que a mí no me hacía ni pizca de gracia, pues si ya antes me había sentido un bicho raro, ahora lo era con más razón, ahora me lo estaban corroborando. Me explicó lo mismo, las repercusiones que tiene el no diagnosticarlo y el no adaptar la educación a necesidades diferentes y que tendría que aprender a vivir con ello y con lo que había nacido a raíz de ello. Tras varias sesiones y hablar con ella llegamos a una especie de vía muerta. La superdotación en adultos está en pañales. Ella no sabía qué decirme y yo no sabía qué más podía decir para encauzar la situación. Me sugirió que optara por preguntar en algún centro externo.

Me recomendaron una clínica pionera en España que está en Valladolid y que, aunque se centra en niños, también diagnostica y trata a adultos. Concerté una cita y me dijeron que primero tenían que realizarme una entrevista personal. Fui con mi madre porque así lo necesitaban. Y aquí llegó el mayor marrón. El del siglo, diría yo. Fue más o menos como ir a Carrefour y salir con un 2x1. Yo fui para que me evaluaran la inteligencia porque después de 30 años me daba igual marcar un 100 de CI que un 140, pero quería saber lo que era, después de toda la vida perdida. Tras hablar con la psicóloga -que he de decir que es la mejor profesional con la que me he encontrado- me diagnosticó, en efecto, una inteligencia superior a la media, sin poder determinar en cuánto y... ¡tacháaaaaan!: un Síndrome de Asperger. Es decir: una forma de autismo, normalmente relacionada con personas de altas capacidades o superdotadas.

No os podéis imaginar lo que fue eso. Todas las piezas que llevaban la vida entera sueltas empezaron a casar. Cada pregunta que yo le hacía, cada duda que tenía, tenía una respuesta para mi caso: por qué la gente me rehuía, por qué no tenía amigos, por qué tenía tanta ansiedad, por qué me gusta estar sola, por qué no puedo mostrar el cariño a los demás, por qué... mil cosas. Me explicó que mi Asperger había pasado siempre desapercibido porque al tener una inteligencia superior había sabido equilibrar las dos cosas y "ganar la batalla" al Asperger y disimular los rasgos autistas que me caracterizan, pero al precio de acabar con una ansiedad que no podía soportar más.

Tras esto me ofreció hacerme unos tests para evaluar la inteligencia, el estado emocional general y la personalidad. Me ofrecí gustosamente y a los 10 días me los hicieron. Tardaron dos días en completarlos y un mes en darme los resultados. Un mes que se hizo eterno, para qué negarlo.

Los resultado fueron... de llorar. Pero de llorar porque yo sabía qué iba a pasar. Yo sabía que estaba en muy mal momento, que los tests los había hecho mal, que estaba muy nerviosa y que no había demostrado mi verdadero yo. Y, en efecto, eso se vio en todos los tests que me pasaron. La inteleigencia la establecieron en un punto sin determinar entre 110 y 119 porque el test resultó no válido (el número oficial era 107, pero había respuestas correctas que no podían corregirse objetivamente, por lo que el CI subía). Me dijo la psicóloga que eso era lo mínimo que podía marcar, pero que mi cabeza estaba en un estado tan precario que había hecho un test de inteligencia que no había por dónde cogerlo, que aquello parecía una apuesta a los caballos, había respondido según me daba el aire.

La explicación a este desarreglo se vio en los tests de personalidad y en el neuropsicológico. Los tests de personalidad marcaron cuatro rasgos muy importantes, basados en percentiles (es decir, con nota límite de 100):

  • Ambiciones: 98
  • Autoestima: 5
  • Sociabilidad: 2
  • Depresión: 96
Por otro lado, los tests neuropsicológicos marcaron que no había ningún problema psiquiátrico ni de déficit de atención, por lo que era un trastorno de ansiedad tan marcado y mezclado con una depresión que probablemente mis facultades estén anuladas en un 70 u 80%. Por eso lloré tanto cuando me lo dijo: yo ya lo sabía, esas cosas se notan. Otra cosa es que se siga tirando y se intente esconder lo que se sabe verdad.

En resumen, estos dos tests venían a decir que el test de inteligencia no valía porque las condiciones eran espantosas. Ahora mismo estoy dentro de un desequilibrio emocional tremendo que no me permite ni centrarme en tareas que a priori son sencillas. Mi concentración varía del percentil 98 al 25 en segundos y soy incapaz de controlar mis impulsos nerviosos. Teniendo en cuenta que llevaba ya seis meses con antidepresivos y ansiolíticos, el resultado fue preocupante.

La recomendación fue seguir de baja y empezar de inmediato una terapia psicológica combinada con la psiquiátrica. Establecieron el plazo de un año para volver a hacer las pruebas y ver si esos valores que habían salido tan descabellados estaban más equilibrados y podía hacer el test de inteligencia y que salieran los resultados reales. Pero para eso tenía que librarme, con la terapia de un año, de lo principal: un estado de ansiedad generalizado y una depresión si no mayor, muy profunda, que probablemente lleve arrastrando desde los 12 ó 13 años.

Es verdad que descansé. Porque me pusieron un nombre. Por fin me dijeron lo que era y por fin no me miraron con cara de "qué me estás contando, niña". La psicóloga me dio la razón en que, en efecto, hay un índice de la población que es rara (lo dijo con esa misma palabra; el Asperger tiene una prevalencia de un 0,7% y la superdotación de un 2%) y que esa cualidad hace que se sientan desarraigados con el mundo y terminen con muchas psicopatologías solapadas y dando tumbos de consulta en consulta. Yo, gracias a quien sea, parece que a la primera he encontrado la luz al final del túnel.

Ahora me queda un año entero de trabajo y hacer las pruebas otra vez y seguramente otro año de terapia psicológica semanal. Sé que es duro y a veces pienso que podía haber seguido viviendo como antes, pero luego pienso en que ahora no me duele nada, duermo (con pastillas, pero duermo, antes ni eso), tengo mucho mejor humor, he adelgazado10 kilos sin hacer nada en especial, disfruto de la vida tanto como la depresión me deja y, sobre todo, sé por qué soy así, por qué esa sensación de bicho raro por fin tiene un nombre y tiene un tratamiento. Aprenderé a ser feliz (algo que me dijo la psicóloga que seguramente nunca había sido) y aprenderé a disfrutar de la vida y no a preocuparme por ella. Mis amigos ya saben cómo soy y alguno de ellos me ha dicho que se siente aliviado al saber por qué me comportaba de manera tan extraña (no llamar en tres meses o no responder a un abrazo).

Tras un bache enorme al darme los resultados parece que empiezo a sacar un poco la cabeza y estoy convencida de que en cuanto empiece la terapia psicológica estaré mucho mejor. Tengo un cuadro tan extaño que cualquier psicólogo no puede tratarlo con eficacia, así que paciencia y el jueves vuelvo a Valladolid a dar el parte y a agradecer todo, que la última vez no fui capaz ni de hacelo casi, entre tanta lágrima.



Tu sincera opinión: 

ARRANQUES

La mayoría de las veces soy tan sensible que si lo exteriorizara explotaría. Por eso me sirvo de otros medios.

- You don't belong here.
- I don't belong there either.
- [...] You belong with me.

Y se me ponen los pelos como escarpias.



Tu sincera opinión: 
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