Dos o tres cosas interesantes

El confesionario de un sagutxo solitario

LA CITA CINEMATOGRÁFICA DE LA TEMPORADA


"Las noches de verano son agradables en Caulfield.
Huelen a heliotropo y a jazmín.
A madreselva y a trébol.
La brisa que agita las cortinas es suave y apacible.
Reina el silencio.
La quietud de la paz y de la seguridad.
Sí.
Las noches de verano son agradables en Caulfield."

No Man of Her Own. Mitchell Leisen, 1950.


EN NOCHES COMO ESTA...

En noches como esta, en las que la oscuridad se adueña de todo y el Cantábrico ruge como el más bravo; en noches como esta, en las que las ráfagas de viento se cuelan por las chimeneas de las casas y las ramas de los árboles asustan con su eterno vaivén, es cuando apetece leer u oír un historia de terror.

El otro día, el 31 de octubre, quise oír -a falta de tiempo y condiciones para leer- de nuevo El Horla, de Guy de Maupassant. Anduve buscando en mi viejo disco duro y en el mp4 la grabación de la narración en Historias, pero parece ser que había perdido los archivos en mp3. Tras buscar durante días descargas que funcionaran o que contuvieran tan agradecida emisión, por fin encontré un paquete que contenía los diez años de programa. En el paquete número nueve se encontraban los tres mp3 que componen la narración de El Horla y que yo he subido a mi servidor y he puesto a compartir en streaming.

Sin llegar a gustarme demasiado por su, en mi opinión, demasiada dramatización, es de agradecer poder tener acceso a estos pequeños clásicos de la literatura de terror. Quise, además, casi obsesivamente encontrar el archivo tras contestar a Nebulina vía Twitter a una afirmación que hacía ella sobre que los momentos más interesantes de las películas de vampiros son el mordisco y no "el polvo". Yo le contesté de esta manera:

El mordisco vampírico es un acto sexual en sí mismo que conduce al éxtasis de ambas partes. No es más que una metáfora.

Porque sí: el hecho de que un vampiro chupe la sangre a alguien no es más que una metáfora de un acto sexual salvaje y eterno, símbolo de una unión ya inquebrantable por el solo hecho de compartir el más importante de los fluídos corporales, por el hecho de dar la vida a otra persona, de dar la vida propia. Esto es lo que hace que tanto la persona atacante como la atacada se suman en un profundo éxtasis altamente placentero y adictivo. El sexo, ni más ni menos.

En El Horla Maupassant nos narra la historia de un hombre que se ve poco a poco consumido por un ente sin forma ni apariencia. Quizá ni siquiera sea un ente, sino una presencia. Quizá sea solo su cabeza. Hay algo o alguien que le está robando la vida, exprimiéndole como una naranja, mientras nadie, ni él ni la ciencia, pueden hacer nada por remediarlo. Al igual que con cualquier pulsión incontrolada, terminará perdiendo la cabeza y cediendo ante lo desconocido.

El Horla en pdf

El Horla en mp3

Parte 1



Parte 2



Parte 3



Aviso: son dos horas y pico de narración, quien quiera ser más rápido que se lea el pdf.



Tu sincera opinión: 

DULCES SUEÑOS

Desde cría he tenido el sueño muy agitado pero duermo -o dormía- del tirón. Desde que me dio mi pequeña cosa y pasé por el psicólogo para dormir más o menos sin problemas tengo que tomar una dosis de ansiolítico que se parece más a un placebo que a otra cosa, pero me vale. Respeto las horas de sueño casi escrupulosamente y no las varío apenas los fines de semana; es una de mis normas.

Mis recuerdos al levantarme siempre han sido de dolor muscular. Tirones en el cuello y en la espalda, encías y dientes forzados, los músculos del cuello con agujetas, brazos pesados y manos cedidas de tanto apretar. A eso siempre había que sumarle la tremenda sed por hablar y gritar durante toda la noche. De unos años a esta parte y desde que tengo que tomar ansiolíticos para no tener pesadillas (y que menos mal que los tomo, que si no cualquiera sabe qué pasaría), las noches son peores. Todo ha desembocado en lo que podría llamarse semisonambulismo. Es semi porque no llego a andar dormida ni a hacer cosas más de unos segundos, pero sí es verdad que actúo cuando aún estoy dormida. Siempre he hecho cosas raras en sueños, pero llevo una época bastante peor.

Ejemplos de esas cosas, por si os lo preguntáis, pueden ser los siguientes:

  • Acostarme con un pijama y levantarme con otro puesto, sin recordar cuándo ni por qué me lo he cambiado.
  • Encender la televisión y el reproductor de dvd y poner una película, cuando la tele lleva apagada horas. Amanezco con la pantalla encendida y el menú del dvd en ella.
  • Mandar emails de madrugada. Mi ordenador siempre está encendido, por lo que alguna vez me ha pasado que alguien me responda a un email que yo no he creído escribir y al ver la hora he caído: si es madrugada es que lo he hecho dormida o semi dormida.
  • Mover cosas de sitio. Tengo especial predilección por guardar el mando de la televisión en el armario del baño. Siempre me despierto antes de terminar el proceso, pero lo empiezo.
  • Despertarme y estar de pie, en medio de la habitación. A veces enciendo la luz, a veces simplemente me pongo de pie encima de la cama.
  • Reproducir físicamente lo que sueño: patadas, conversaciones, gritos, caídas, respiraciones, tensión de músculos, etc.
  • En general, durante la noche hay momentos en los que despierto mientras sueño y me cuesta un par de minutos saber si sigo en el sueño o si ya estoy despierta. He solido rociar, ya despierta, el cuarto de insecticida porque estaba soñando que había bichos. O he respondido al teléfono porque he soñado que sonaba o he ido a abrir la puerta de la calle al oír el timbre en sueños. Enciendo la televisión sola, me cambio de calcetines, duermo al revés (con la cabeza en los pies), meto cosas en la cama (mandos, adornos, el móvil).
Todo esto me pasa en un extraño estado entre el sueño y la vigilia que sucede cuando sueño, es decir, en la fase REM. El mayor problema no es que haga cosas chungas porque no soy sonámbula del todo, lo peor es que no descanso. Me despierto varias veces en una noche y tengo serias dificultades en saber qué he soñado y qué no. Hay días en los que duermo del tirón y otros en los que es absolutamente inaguantable la mezcla entre sueño y realidad, el levantarme varias veces y encontrarme de pie cuando me despierto. Agota.

Hace ya meses que noto que mi sueño es profundo pero no reparador. Estoy cansada de sueños raros, de despertarme a las mismas horas con las mismas inquietudes. De sueños enganchados, que se repiten durante horas y son obsesivos; dejan de serlo cuando consigo despertarme y decir: "Ahh, no, ha sido un sueño, de verdad un sueño." Entonces puedo volver a dormir con calma. La rehabilitadora alucinaba al ver las contracturas con las que aparecía por el ambulatorio: "¿Pero tú con quién te pegas por las noches?", me decía.

Todo esto viene porque parece ser que voy a empezar un nuevo tratamiento nocturno basado en hipnóticos a ver qué tal me va. Voy a probar a combinar una dosis pequeña con otra de ansiolíticos (bajo prescripción médica, por supuesto) y a probar el hipnótico solo. Creo que empezaré mañana por la noche, así si me va mal no estaré agotada al día siguiente, laborable. Habrá que ver si mejora mi calidad de vida, porque entre el hipotiroidismo, que lo tengo en plan anarka, y esto el mundo es que se me cae encima por las mañanas.



Tu sincera opinión: 

31 DE OCTUBRE

El 31 de octubre en mi vida no es la víspera de Todos los Santos; para mí el 31 de octubre es Halloween. Lejos de pertenecer a estas nuevas generaciones que se disfrazan y piden caramelos, yo desde niña lo celebré, por una razón tan sencilla como estudiar en un colegio inglés con evidentes reflejos anglosajones y estadounidenses.

En los primeros años de EGB pintábamos caretas o hacíamos gorros de brujas con cartulina negra. En el ciclo medio las manualidades se centraban en crear pósteres gigantes con motivos sobrenaturales. Ya en el ciclo superior era cuando nos metíamos con las calabazas.

Mi colegio era -y es- una villa grande de finales del siglo XIX, por lo que su decoración es mayoritariamente de madera decorada y marquetería. De mosaicos, chimeneas en las clases y de cristaleras de colores que dejan pasar la luz creando bonitos dibujos sobre el suelo. En la época en la que yo estudiaba allí, en lo que nosotros llamábamos hall se celebraba la fiesta de Halloween. Tanto dentro de la enorme chimenea de piedra como sobre el piano de madera que había junto a una pared se ponían todas las calabazas que habían hecho los alumnos de séptimo y octavo. Se encendían las velas del interior durante un rato y se jugaba toda la tarde entre profesoras disfrazadas de brujas, caramelos y caretas. Aquella tarde no había clase, era fiesta.

Sé que nunca podré librarme de esos recuerdos porque los llevo demasiado dentro; fue mi educación, fue lo que viví durante 13 años de mi vida, todos los 31 de octubre. Halloween es mi fiesta favorita del año, por muchas razones. Hace mucho que no la celebraba como antaño, hoy la celebraré como hace años y con mi pequeña amiga junto a mí, mientras leo historias góticas.


Me ha quedado chula, ¿eh?



Tu sincera opinión: 

ENCUESTA EXPRESS

Puede responder cualquiera, como si lo ponéis en anónimo:

Si tuvieras que elegir un nombre para una cobaya hembra, ¿cuál sería, Europa o Medea?

Y no vale proponer, solo elegir.



Tu sincera opinión: 

AL AGUA PATOS

Estas últimas semanas he sufrido algo así como una tortura medieval, he estado haciendo rehabilitación; rehabilitación con fisioterapia, se entiende, que de la otra no se termina en unas semanas.

Resulta que llevaba meses con lumbago y no me lo quitaba de encima del todo de ninguna manera. Hará cosa de dos meses todo fue a peor y llegó un momento en que ya ni me podía doblar y tenía que trabajar de pie porque no aguantaba tener las piernas en ángulo con el tronco. Tremendo. Nolotil va, Nolotil viene.

Así que como en casa tenemos enchufe en la medicina pública, me llevaron raudamente a una médico rehabilitadora, que me hizo algunas pruebas y me miró qué tal tenía mi baldado cuerpecillo. Me hizo el diagnóstico y me dijo que, además de tener que ponerme plantillas, tenía que hacer ejercicios de rehabilitación. Esperé unos días y me llamaron del centro de salud para ir todos los días durante al menos tres semanas, de 8:10 a 9:00.

El resultaod ha sido que en un mes no he vuelto a tener lumbago ni dolores ni nada, pero joder, menuda tortura medieval. Salía todos los días sudada como un pollo porque en los ambulatorios siempre hace calor y los ejercicios eran especialmente duros porque consistían en mover los músculos que normalmente no se mueven y por eso duelen y se agarrotan. Recuerdo con especial odio las abdominales mientras la fisio me sujetaba las piernas para que no doblara las rodillas y yo levantaba el tronco, subía los brazos y enderezaba la espalda y la cabeza a la vez. Así unas quince vences. Y ese era uno de siete ejercicios. A muchos no os parecerá demasiado, pero hay que tener en cuenta que algunos días de hilo musical estaba Nat King Cole cantando boleros en español. No, en serio, no es solo un ejercicio, sino que requiere mucha concentración, rectificación de postura, dolor...

Toda esta brasa para comentar que el médico ya me dio el alta y me dijo que si bien no tenía que hacer la tabla de ejercicios todos los días -como me había dicho la malvada de la fisio-, sí que tenía que moverme de la manera que fuera porque tengo un trabajo muy chungo para el cuerpo. Me dijo que hiciera lo que quisiera, como si quería jugar a pala. Así que he decidido nadar, que se me da bien y sé hacerlo. Porque sí, nadar es bueno, pero es mucho mejor si sabes hacerlo porque sabes cómo poner la columna, las piernas, los brazos; sabes cómo alinear el cuerpo para que se muevan todos los músculos.

Ahora tengo que vencer la pereza de ir a hacerme la tarjeta deportiva municipal, que ya es bastante. Con lo que me gusta y me gustaba a mí nadar y lo marmotilla que me siento.


Yeah, yeah, la de la foto soy yo, con unos diez años, jugando en la piscina tras una competición.



Tu sincera opinión: 

AQUELLOS SÁBADOS POR LA MAÑANA...

Tengo un recuerdo que se remonta a cuando mi hermana y yo aún cenábamos los sábados por la noche con mis padres en casa. Ya os podéis imaginar de qué años os estoy hablando: ¿90? ¿91? Por ahí andaría.

Recuerdo que en televisión había una programa al estilo del Tú sí que vales actual pero hecho con más elegancia pues lo echaba TVE y era de carácter europeo. A ese programa iban niños habilidosos que sabían hacer cosillas interesantes y tal. Mi hermana y yo habíamos visto la semifinal del programa una semana antes y recordábamos a dos hermanos daneses (creo) que actuaban con un chaleco, unos vaqueros y una guitarra cruzada; tenían pelos largos y rubios, como muy hippies. Las dos estábamos esperando a aquella actuación en la final porque nos parecía la mejor.

Cuando llegó el turno de los chicos aquellos mi hermana dijo: "Me encanta esta canción". Mi padre la miró fijamente: "¿Esta? Yo la tengo."

Mi padre tiene una interesante colección de singles que algún día heredará Kupe Karras por autoapropiación, así que después de ver la actuación y de cenar fuimos los tres juntos a la sala y él sacó del cajón el pequeño vinilo y lo puso en el tocadiscos. Nos enseñó la tapa y nos dijo: "Se llama Bye Bye Love. Es de los Everly Brothers." A mi padre le encantan los Everly Brothers, yo creo que que nos gustara aquella canción le llegó al alma.





A partir de aquel día muchos sábados por la mañana sucedía lo mismo:

Aita, pon Bye Bye Love.

Y las dos, aún en pijama, después de desayunar y en la sala de estar de mi padre, bailábamos con las manos agarradas, girando sobre nosotras mismas, descalzas moviendo las caderas y cantando. Mi padre nos miraba desde el sillón y ponía la canción tres o cuatro veces seguidas, hasta que nos faltaba la respiración. No sé cuánto duró aquella época pues poco después mi hermana se grabó la canción en una cinta de cassette, pero para mí fueron meses, supongo que será por la intensidad del recuerdo.



Tu sincera opinión: 

PINTADAS CALLEJERAS

Se lo contaba a la viajera cuando estuve por su tierra hace unos meses: yo descubrí las pintadas vandalísticas más comunes cuando fui de viaje por Castilla con mis padres, cuando tenía 11 años. Hasta entonces yo nunca había visto mensajes tan inocentes como "Jose X Vanessa" o "Yesika te quiero". Yo estaba costumbrada a otras cosas bastante menos inocentes, a amenazas, advertencias o gritos políticos. En mis calles no veía otra cosa.

Las cosas no han cambiado demasiado. Los chavales de instituto no gritan su amor hacia su compañera de pupitre porque hay cosas más importantes que decir.

Todos los días, al salir de Rehabilitación, paso por uno de los edificios de mi antiguo instituto y veo que sus preocupaciones no han cambiado tanto respecto a las nuestras; veo día tras día lo mismo y nadie lo borra porque lo que merece la pena leer en una fachada de un centro educativo, mejor que ahí quede para que todos seamos testigos.





Tu sincera opinión: 

MONGOLANDIA

Sin ánimo de ofender a nadie, pero vivo entre mongolos. Los de mi casa, quiero decir. Son mongolos; o si no no me lo explico porque de verdad que lo que me ha pasado este año con el cumpleaños es de juzgado de guardia.

Hace un mes y una semana les envié a mis dos hermanas un correo electrónico en el que decía, así, grosso modo, que si alguien les preguntaba, -ejem... alguien o ellas mismas- quería un reproductor de Blu-Ray y en el cuerpo del email les mandaba el vínculo a la tienda online donde podían comprarlo.

A las dos semanas de aquello, cuando quedaban otras dos para mi cumpleaños, me contesta a ese email mi cuñado diciéndome que no encuentra el producto en la tienda que le he dicho y que le diga otra. Le mando un vínculo de otro sitio donde lo vendían.

Pensamiento interno: ¿Es que es bobo? ¿Desde cuándo se le pregunta a alguien dónde comprar su regalo si ya se sabe exactamente lo que quiere? ¿Dónde queda la sorpresa de quién lo compra? En fin.

Así que bueno, yo entendí que mi regalo estaba en marcha y que para el día de mi cumpleaños lo tendría. El día antes de tan señalado día me pregunta mi hermana toda ufana a ver si quiero algo más que el reproductor que pedí. Yo le contesto que no. Ella me dice que no sabe si lo comprará ella o mi madre. Me quedo a cuadros. Día anteriora mi cumpleaños, domingo, estábamos en Navarra.

Pensamiento interno: ¿Eso quiere decir que ni ella ni mi madre -y por extensión, mi tía- tienen un regalo comprado para darme? ¿Las únicas personas que me compran regalo? En fin.

Cuando veo que no hay moros en la costa enfilo hacia la habitación de mi madre y le confieso lo que he oído. Es decir, que después de un mes ni siquiera han sido capaces de ponerse de acuerdo para comprar un regalo que ya sabían, con modelo y todo. Y toma ya, que viene mi madre con su confesión particular: "Es que a mí nadie me ha dicho lo que querías". En ese momento es cuando me empieza a salir humo por las orejas. ¿Entonces por qué mi hermana me dice que no sabe al final quién lo comprará? Y la otra me viene con que ella no sabía nada y que si hubiera dicho lo que quería me lo habrían comprado porque soy muy difícil de regalar. La cosa acabó en llorera conjunta con mi madre pidiéndome perdón por no haberme comprado regalo y blablabla.

Pensamiento interno: ¿En qué clase de casa vivo que una persona sabe lo que quiere otra de regalo de cumpleaños y se lo calla durante un mes y después no lo compra? ¿Qué clase de familia tengo que ni siquiera se preguntan si alguien sabe qué quiere no sé quién? En fin.

Llega el día de mi cumpleaños y nada, no hay ni regalo, ni detalle ni nada porque, como soy muy difícil de regalar, se ve que ni siquiera una colonia me satisface. Así que pasa el día sin pena ni gloria y mi otra hermana sí me hace un regalo a última hora de la tarde. Menos mal.

Al día siguiente me levanto de mejor humor y me digo que me voy a comprar un capricho porque me lo quiero regalar. Quiero hacerme un regalo de cumpleaños. Mi madre y mi tía, que son muy pícaras, insisten en acompañarme. Elijo la cosilla, miro el precio, voy a sacar la tarjeta y me paran la mano. "No, esto te lo compramos nosotras de regalo de cumpleaños, que no sabemos qué regalarte." Yo insisto en que me lo quiero comprar yo, quiero pagar yo por ello. Pero nada, me quedo sin hacer gasto y con un regalo de cumpleaños que no es el que había pedido.

Pensamiento interno: Manda cojones. "No sabemos qué regalarte" ¿Te recuerdo que hace dos días te armé la de Dios es Cristo diciéndote lo que había pedido? ¿Hola? ¿Hay alguien?

Pasan los días y llega el sábado, día del cumpleaños de mi hermana la que no entiende los mensajes. Nos sentamos a la mesa, le doy su regalo y me pregunta a ver si quiero el mío.

Pensamiento interno: ¿Qué clase de pregunta absurda es esa?

Le contesto que sí, claro, y pienso en mi ansiado reproductor, que por lo menos más vale tarde que nunca. Mientras me da la bolsa me dice que lo han escogido entre ella y mi cuñado y que a ver si me gusta.

Pensamiento interno: Ohhh, ohhh... en lo que pedí no había nada que escoger.

Abro la bolsa, rasgo el papel y ¿qué me encuentro? Un reloj. Me habría gustado ver la cara que puse, en serio. No me lo podía creer. ¿Que parte de "quiero un reproductor Blu-Ray y es este" no habían entendido? Y no os lo perdáis, que viene la mejor parte, lo que me dijo al verme la cara y que voy a poner en estilo directo y no indirecto para que tenga más fuerza:

Chica, es que a medida que vas creciendo se hace más difícil regalarte algo.

¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿? ¿Pero estamos mongolos o qué? ¡Pero si hasta te mandé el vínculo de la tienda donde tenías que comprarlo! Yo no sé si les han echado algo en el agua o es que yo soy muy rara o no sé. No sé que complicación puede haber en el proceso "quieres comprarme un regalo, te digo qué quiero, me lo compras."

Yo sólo sé que ahora el puto reproductor de Blu-Ray me lo tengo que comprar yo y eso que lo pedí y eran cinco personas para hacer el regalo, no fue por precio.

¿Vivo en Mongolandia o no?



Tu sincera opinión: 

LOS COBAYAS MESOPOTÁMICOS

Este es Gilgamesh:



Este es Hammurabi:


Estos son Gilgamesh y Hammurabi:



Son dos machos, por lo que vivirán con Chocolate en cuanto cumplan algo más de un mes.

¿A que son guapos?



Tu sincera opinión: 

PITUFARÉ, PITUFARÁS

Hay días en que el trabajo mola. O, mejor dicho, hay días en que los compañeros del trabajo te hacen el día ni siquiera menos malo, sino bueno.

Tengo una compañera en la delegación de Bilbao con la que me llevo especialmente bien, ya que estamos todo el día de vacile, bromeando por email o teléfono o cuando nos vemos en una de las dos oficinas. Resulta que esta chica tenía cuando trabajaba en San Sebastían -y sigue teniéndolo en Bilbao- un pitufo blanco de 20 centímetros. Lo sacó de aquella gran acción que llevaron a cabo Los pitufos y Unicef en la ciudad.

A mí me encantan los pitufos, me recuerdan a mi feliz infancia. Siempre que pasaba por su mesa lo cogía y lo abrazaba, le hacía carantoñas y le decía -a él, al pitufo- unas cuantas paridillas y las dos nos reíamos. Cuando se fue a Bilbao yo les eché mucho de menos a ella y al pitufo, así que comencé mi ofensiva por email.

A partir de entonces cada cierto tiempo le escribía un mensaje diciéndole que iba a secuestrar el pitufo algún día que fuera a Bilbao y ella no estuviera. O que le iba a decir a algún compañero de allí que se lo mangara con nocturnidad y alevosía. Uno de los últimos emails que le mandé es este que os voy a poner aquí, aunque me da un poco de vergüenza porque no sé qué pensaréis de mí, o peor, qué pensaréis de mi cabeza:



Creo que el email describe por sí solo la necesidad de tener a ese pequeño ser junto a mí.

Bien, vayamos al grano: ayer viernes, hacia las ocho y media de la mañana, otra compañera de Bilbao se acercó a mi sitio. La vi aparecer con una bolsa mientras me decía que tal persona me mandaba un paquete desde la provincia vecina. En ese mismo momento mi compañera de mesa sacó una cámara y comenzó a grabar mi reacción. Abrí la bolsa y vi que dentro había otra con un dibujo muy característico en su lateral: un pitufo.

Lo flipé. Pero mucho. Mis compañeros se reían y me grababan con la cámara mientras yo abría la bolsita en la que venía mi pitufo. No era el que tenía mi compañera de Bilbao, sino otro, uno igual; era un pitufo de los que ya no se podían conseguir porque fue una promoción y nunca ha habido más. No os imagináis la ilusión que me hizo, que alguien se acordara así de mí, buscara la figura como fuera y maquinara todo un plan con mis propios compañeros para que me trajeran el paquete, me grabaran, etc. Fue increíble y una sensación genial; un viernes redondo.

La figurilla se vino conmigo a casa porque en la oficina se tiene lo del trabajo y en casa lo personal y esto ya es personal, no es un simple detalle laboral.

¿A que queréis verlo? ¿A que os morís de ganas? Os presento al pitufo, cuyo nombre mantendré en secreto:



Así que sí: tengo el último pitufo que quedaba en las dependencias de Unicef y, por ende, en España. Pero dejaré algo para el suspense: cómo lo consiguió. No fue tan difícil; para todo lo demás, Mastercard.



Tu sincera opinión: 

EL BOLSO

Emulando a Nebulina con su entrada del bolso y como hizo Arwen en su día, sólo que ni me acuerdo cuándo, os voy a enseñar lo que suele ir dentro de mi bolso.

Ahora mismo el contenido tiene esta pinta:



El resumen es el siguiente:
  • El ordenador, que es un ultraportátil de un kilo, si no no lo llevaría.
  • La BlackBerry.
  • El mp4 con una tarjeta SD de 8 gb en la ranuda por si las moscas.
  • Dos pendrives de 8 gb cada uno también por si las moscas.
  • Un cable mini usb porque siempre hace falta.
  • 20 euros, una de las cantidades más altas que he llevado conmigo en los últimos... ¿2 años?
  • Las llaves de mi casa y las de casa de mi abuela.
  • Un tarjetero porque no uso cartera, todo en plástico.
  • Una agenda donde nunca apunto nada.
  • El pincho Movistar 3G. Si bien nunca lo uso cuando estoy en San Sebastián, sí en Navarra y, ya de paso, me lo llevo a donde vaya.
  • Un mini boli de tinta líquida.
  • Lo último, pero no por ello menos importante: el inhalador para el asma.
Esto es lo que siempre viene conmigo. Luego hay cambios según los días: tiritas, stick anti rozaduras, otro boli, pomadas y antihistamínicos, caramelos, etc.

¿Cómo es vuestro bolso o bolsa?



Tu sincera opinión: 

COMIENDO CON DOS DEDOS DE FRENTE

Desde principio de septiembre que como en la oficina. Mi abuela me echó -es una forma de hablar- de su casa porque se puso enferma y después de recuperarse no se vio capaz de cocinar todas las mañanas. El caso es que yo no me veo capaz de cocinar todas las noches ni todos los domingos para guardar, así que tomé una determinación nada más empezar con esto del túper.

Tenía dos opciones: comprarme la comida hecha o empezar a hacerla yo y acabar con la pechuga a la plancha, los macarrones, la ensalada y la ensalada de macarrones. Así que elegí lo primero. En el trabajo incluso me han llegado a llamar pija por aquello de gastarme un dineral en comida, pero eso es porque no contextualizan:

a. En mi casa no se cocina. Vivimos tres, de los que dos nunca vamos a comer y una que va la mitad de los días. Por tanto, los pucheros quedan relegados al fin de semana. Es decir, en caso de cocinar, habría que hacer un plato para una persona, o sea, yo. ¿Como se hacen unos chipirones para uno? ¿Y un pollo al chilindrón? ¿Y unas lentejas? ¿Y un ajoarriero? Pues no se puede, básicamente, más que nada porque odio la comida descongelada y tres chipirones quedan como deslavadillos.

b. ¿Cuando se cocina cuánta cantidad hace falta? No se puede comprar un cuarto de cebolla, medio calabacín, medio pimiento verde. Las cosas las venden en packs, no en ración de uno, y siempre sobra más de la mitad. Si se cocina para cuatro se compra fácil, pero cuando se compra para cocinar para uno la mitad de la comida acaba estropeándose en el frigo porque, seamos sinceros, mola más abrir los guisantes y comerlos que comerse los que llevan cuatro días en el frigo flotando en el agüilla.

De la combinación de estas variables nace el hecho de que todos los días me vaya a una carnicería a comprarme la comida. Puedo elegir primero y segundo, puedo elegir cantidad, la comida está buena y sí: sale más barato que si comprara los ingredientes. A saber, menú de hoy:

  • Arroz con verduras: arroz, alcachofa, guisantes, vainas/judías verdes, bacon.
  • San Jacobo con puré: dos lonchas de jamón, una loncha de queso, huevo, pan rallado, un par de patatas para hacer el puré.
No sé cuánto costaría exáctamente comprar todos los ingredientes, pero desde luego seguro que más de los 7 euros que me costó a mí la comida. No me parece demasiado para una ciudad en la que el menú del día ronda los 12,90.

Y además me ahorro cocinar por las noches y esas cosas...



Tu sincera opinión: 

UN KINDER SORPRESA

Todas las noches, antes de enfilar para mi cuarto y meterme en la cama a planchar la oreja, paso a eso de las diez por los aposentos de los animales, bien a llevarles verdura, bien a ver cómo están.

El otro día, el miércoles, me llevé una de las mayores sorpresas de mi vida. Al encender la luz me fijé en que una de las cobayas, la hembra, tenía un forma un poco rara. Me pareció que estaba muy grande, ocupando casi todo el ventanuco de su casita. Me acerqué más para comprobar qué pasaba con ella, pues la veía rara. Miré con detalle, observé durante unos segundos. Entre el pelaje negro vi un morrito pequeño y dos ojos negros pequeñajos. Seguí el contorno de la cara hasta el suelo y pude comprobar lo que era. ¡Una cobayita! Era igual que la madre pero pequeña, como un ratoncillo.

Proferí un tremendo grito para avisar a quien estaba conmigo, claro está. Mi cobaya no había estado con el cobaya macho, así que me la vendieron preñada. Cuando conseguí entender de dónde había saldo la pequeñaja me di cuenta de que normalmente una cría no suelen tener, así que moví suavemente la caseta y salió otra cobayita, esta vez gris, haciendo su característico "cui, cui". De golpe y porrazo me encontre con dos cobayas recién nacidas, con una recién parida y con la preocupación de qué hacer con ellas.

Consulté mis libros y me informé acerca de lo que tenía que hacer. Ahora tienen casi seis días y parece que van viento en popa, pues ayer ya habían engordado más de 15 gramos. Aún no sé si son macho o hembra, no se les diferencia, así que no he elegido nombres. Os dejo unas fotos:




Tu sincera opinión: 

BLEECKER STREET

Íbamos mi hermana y yo en un bus subiendo del Downtown de Nueva York -Zona Cero, Estatua de la libertad, Wall Street...- hacia Central Park cuando nos sucedió una de esas cosas que luego se recuerdan siempre porque es algo que no crees que nunca vaya a pasar o que, simplemente, no existe.

Estaba ella mirando hacia la izquierda por la ventanilla. Yo hacia la derecha. Habíamos descartado el metro para volver hacia nuestra "área de acción" porque, además de que a mí me da miedito, descubrimos que sí que es mucho más rápido pero no ves nada. Y a Nueva York se va a ver.

El caso es que eso, que estaba yo mirando hacia la derecha. Y ¡zas!: me encuentro un cartel como la copa de un pino y ¡plas!, le pego en el brazo a mi hermana y, cual niña malcriada, le señalo el cartelito y le digo: "¡¡¡Mira!!! ¡¡¡Es Bleecker Street!!!". Embargada por la emoción desenfundé la cámara de fotos y apunté lo mejor que pude, ya que el bus vibraba, mis manitas temblaban, la ventanilla estaba sucia...

Una vez ella procesó la información empezamos las dos a flipar como dos idiotas por habernos encontrado semejante cosa ahí en medio por arte de magia y a cantar cual jilgueros. Luego el autobús arrancó y dejamos atrás para siempre Bleecker Street. Pero seguimos cantando toda la tarde y cada cierto tiempo, como viviendo en un bucle sin fin, nos decíamos: "Tía, que hemos visto Bleecker Street. Qué fuerte."





Tu sincera opinión: 

EL DISIDENTE

Vale, esta es la típica entrada que sacará más de una sonrisa porque siempre que lo cuento la gente se ríe. Aunque quizá sea por cómo lo expreso yo y por aquí pierda gracia.

Ya sabéis los que os pasáis asiduamente por aquí lo que me gusta enredar en mis raíces, es algo típicamente guipuzcoano y no hace falta explicarlo demasiado. Pues bien, haciendo mi pequeño trabajo de investigación ya hace como dos años seguí una de las ramas de mi familia, encontrándome con mi bisabuela y sus hermanos. Lo lógico en estos casos es enseñar al familiar más cercano el hallazgo y preguntarle, ya que las fechas son recientes, si recuerda a todas esas personas que aparecen e intentar sonsacar datos de nombre de los padres y todo eso para seguir investigando.

Que eso, que fui yo toda ufana con la lista a enseñársela a mi señora madre, para que viera que esa rama de la familia que parecía inexistente, existía. Coge mi madre el papelote, empieza a leer y veo que pone cara rara. Me dice que hay un error ahí, que hay algo que no es así y que los registros no están bien. Le pregunto que qué es lo que falla y me dice que la fecha que aparece sin nombre no es 1892, sino 1897, probablemente, y que se trata del tío Lorenzo. Ahí es cuendo flipo en colores ante semejante rotura de las tradiciones familiares.

Porque, vamos a ver, ¿Lorenzo? Venga, no me jodas. Que el nombre no está mal, que suena bien, no rima con los apellidos ni nada pero... A ver: después de cinco hijos con semejantes nombres vas y le pones al sexto "Lorenzo". Si es que os juro que me entró la risa: "coño, pues Saturnino". Seguro que fuimos el hazmerreír del pueblo y ya me imagino el vacile con los nombrecitos de los hermanos, el pequeño disidente... porque los pequeños siempre hemos sido los rompefamilias, rompetradiciones, etcétera, etcétera. Madre mía:

 
El tal Lorenzo, por supuesto, es el de las rayitas y era el hijo pequeño, el que más recuerda mi madre después de mi bisabuela, que está también en esa lista.
Manda huevos, de verdad, manda huevos. Si empiezas una cosa, termínala.



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