En noches como esta, en las que la oscuridad se adueña de todo y el Cantábrico ruge como el más bravo; en noches como esta, en las que las ráfagas de viento se cuelan por las chimeneas de las casas y las ramas de los árboles asustan con su eterno vaivén, es cuando apetece leer u oír un historia de terror.
El otro día, el 31 de octubre, quise oír -a falta de tiempo y condiciones para leer- de nuevo El Horla, de Guy de Maupassant. Anduve buscando en mi viejo disco duro y en el mp4 la grabación de la narración en Historias, pero parece ser que había perdido los archivos en mp3. Tras buscar durante días descargas que funcionaran o que contuvieran tan agradecida emisión, por fin encontré un paquete que contenía los diez años de programa. En el paquete número nueve se encontraban los tres mp3 que componen la narración de El Horla y que yo he subido a mi servidor y he puesto a compartir en streaming.
Sin llegar a gustarme demasiado por su, en mi opinión, demasiada dramatización, es de agradecer poder tener acceso a estos pequeños clásicos de la literatura de terror. Quise, además, casi obsesivamente encontrar el archivo tras contestar a Nebulina vía Twitter a una afirmación que hacía ella sobre que los momentos más interesantes de las películas de vampiros son el mordisco y no "el polvo". Yo le contesté de esta manera:
El mordisco vampírico es un acto sexual en sí mismo que conduce al éxtasis de ambas partes. No es más que una metáfora.
Porque sí: el hecho de que un vampiro chupe la sangre a alguien no es más que una metáfora de un acto sexual salvaje y eterno, símbolo de una unión ya inquebrantable por el solo hecho de compartir el más importante de los fluídos corporales, por el hecho de dar la vida a otra persona, de dar la vida propia. Esto es lo que hace que tanto la persona atacante como la atacada se suman en un profundo éxtasis altamente placentero y adictivo. El sexo, ni más ni menos.
En El Horla Maupassant nos narra la historia de un hombre que se ve poco a poco consumido por un ente sin forma ni apariencia. Quizá ni siquiera sea un ente, sino una presencia. Quizá sea solo su cabeza. Hay algo o alguien que le está robando la vida, exprimiéndole como una naranja, mientras nadie, ni él ni la ciencia, pueden hacer nada por remediarlo. Al igual que con cualquier pulsión incontrolada, terminará perdiendo la cabeza y cediendo ante lo desconocido.
El Horla en pdf
El Horla en mp3
Parte 1
Parte 2
Parte 3
Aviso: son dos horas y pico de narración, quien quiera ser más rápido que se lea el pdf.













